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Un grupo de escritores ser reúne en la librería Polylogue y se pregunta qué significa Heimat (que a bote pronto sería “mi tierra”, pero entonces ¿para qué reunirse?). No es ninguna tontería. Todos vivimos en Alemania pero no somos de Alemania. Escribimos desde Alemania pero lo hacemos en otras lenguas. Lo que nos une esta tarde es precisamente la intención común de escribir también en Alemán y disfrutar como escritores del idioma que tanto nos ofrece en nuestro día a día, y no es poco: expresarnos, comunicarnos, acceder a la cultura y el pensamiento, aportar algo también… ; estar aquí en cierta completud.

¿Qué es Heimat?
Heimat es una palabra alemana imposible de traducir sin arriesgarse a sesgarla.

Heimat no es “patria”, pues carece de ese puntillo paternalista, de autoridad que acusa o premia, aturrullando el pensamiento como si fuéramos niños, no.

Tampoco es “país”, tan burocrático y tan político: el país, la nación. Oh no, más no. Las naciones, como las personas, son siempre un poco ridículas. Yo el primero. Pero lo sé. Por eso nunca me he fiado de quien no se ríe de sí mismo. Más bien me han dado cierto mal rollo. El nacionalismo como multiplicación de esa falta de ironía para comprender todo esto de “ser”, lo que me ha dado siempre es miedo. No, Heimat no es “tu país” porque como decía Tom Hanks en “La Terminal”, Heimat no da miedo a nadie. Porque por horrible que el mundo esté, Heimat es siempre una idea feliz, fresca y carente de enemigos. Aunque a veces ponga triste. Cuando llega la tristeza del Heimat, entonces decimos Heimweh. Heim, mas Weh, “dolor”, nostalgia.

Sentados discutiendo, los exiliados comprendemos que Heimat tiene que existir, al menos, porque existe a veces el Heimweh.

Lo curioso es que Heimat al final no tampoco es la tierra natal, pues puedes nacer en un sitio pero haberlo olvidado.

Tampoco es tu casa, tu hogar. Para eso ya hay una palabra en Alemán: Zuhause, más pequeño, local y familiar.

La expresión que para mí más se acerca sería quizá “mi tierra”, pero eso ya no es una palabra sino dos: “tierra” y un artículo posesivo que me ayuda a modelarla para mostrarte mi afecto por un lugar en el mundo.

No, Heimat es una palabra en sí misma. Con un muy posible origen en la raíz indogermana kei, quedarse, Heimat es el lugar en el que te asientas y echas tus raices.

Se puede buscar en un diccionario, pero traducirla es muy difícil. De ahí el trabajo epopéyico de los traductores, que se sumergen en los entresijos de los idiomas y cosen pacientemente la literatura global. Aprovecho esta linea para agradeceros, vuestro trabajo, queridos traductores –si alguno me lee, lo cual sería un honor–. La literatura sería fragmentaria sin vosotros. Con vosotros es sin embargo variada y permeable. Gracias de corazón por derribar las fronteras y hacer posible la infinitud de la lectura. Y a los demás os digo: quered a los traductores, cuidadlos, apoyadlos porque sin ellos seríais todos unos paletos sin posibilidades. Porque sin traductores no podríais leer a Murakami ni poner la lavadora. Nadie podría leer lo que escribís en otras partes mundo, ni disfrutar vuestras invenciones.

Mientras tanto Heimat sigue ahí, en nuestras conversaciones. Como extranjeros y a la vez como ciudadanos de Alemania, Heimat nos ayuda a perfilar la imagen y la expresión de nuestros mundos. Y así,
con esa sensación de aventura que da siempre lanzarse a traducir lo intraducible a través de la poesía me inclino sobre el papel y empiezo a escribir directamente en Alemán:

Für eine geheimnes Wörterbuch: “Heimat”.
Para un diccionario secreto: “Heimat”…

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