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Tom Wolfe murió ayer. Se va escribir mucho sobre él en estos días. Yo también escribo. Era Tom Wolfe. Pero no lo hago para contar otra vez lo importante que ha sido como el tipo que reconectó literatura y periodismo blablabla, no. Mi tributo es pequeño y tiene algo de revelación: hablaros de un libro sobre el que poco se habla y meno se escribe, para mí, un manual imprescindible para entender la arquitectura moderna, el manual en el que aprendes a reírte de ella.

Queridos arquitectos, con “¿Quién teme al Bauhaus feroz?”, soniquete de aquel “¿Quién teme al lobo feroz?” Tom Wolfe se pone del lado de vuestros hermanos, de vuestros padres, de vuestra abuela, de vuestros amantes, de toda la gente que os mira como si estuviéseis un poco chalados. La gracia del libro está en que además lo hace con el bagaje de conocimientos sobre arquitectura moderna que vosotros mismos usáis para convencerlos de lo maravillosa e importante que es la arquitectura moderna (siendo “arquitectura moderna” un término que auje casas que hoy tienen casi 100 años), para demostrar finalmente que no, colega, que no es para tanto, que la arquitectura moderna puede ser pretenciosa, vacía, idiota y lo peor de todo, lo más peligroso: lo ferozmente inconsciente que la arquitectura moderna puede llegar a ser de que puede ser así.

Queridos no-arquitectos, con este libro Tom Wolfe se pone de vuestra parte para deciros que si no comprendéis el valor de la arquitectura moderna tampoco es para preocuparse pero sí para indagar en el por qué y aprender algo del mundo, cosa que os explica por qué con un bagaje intelectual con el que la élite de los arquitectos se hace la salsa, se aliñan las ideas y pretenden que os las comáis.

Si lo vas a leer, que merece la pena, yo aconsejaría que leyeseis antes un poco sobre la arquitectura de los últimos 70 años, 50 cuando el libro se publicó en España, en 1988. Googelea: Movimiento moderno, el estilo internacional, el postmodernismo, Le Corbusier, Bauhaus, Mies Van der Rohe, Venturi, Aldo Rossi, etc… suena coñazo pero créeme: si te enteras un pelín de qué ha ido la arquitectura del siglo XX, con este libro no solo vas a acabar de comprenderlo sino que te lo vas a pasar como un enano.

Yo que adoro la arquitectura moderna, que tiemblo de emoción ante la obra construida de Le Corbusier (lo de su obra escrita por suerte lo superé), que he cruzado Finlandia enlazando edificios de Aalto y he hurgado por todo Japón buscando los de Toyo Ito y Tadao Ando, que me estremezco al cruzar en bicicleta las urbes de arquitectura socialista en Alemania oriental, yo que incluso estoy en el Brutgroup del Instagram y flipo con los textos de los intelectuales del postmodernismo, yo, que soy un arquitecto, me lo pasé verdaderamente genial con ese libro.

Dicho así todo esto puede parecer que “¿Quién teme a la Bauhaus feroz?” es un libro reaccionario, conservador. No creo que sea así. A mí como arquitecto me ha abierto nuevos caminos de pensamiento y crítica. También me ha hecho reír muchísimo y avanzar con la risa. Porque quizá lo conservador sea reaccionar a una obra que cuestiona, destripa y se mofa de los viejos credos de las escuelas contemporáneas. Y encima lo hace con la mejor arma intelectual que existe: el humor.

Res severa verum gaudia. Cosa sería la verdadera alegría. Decía un compositor, no recuerdo quién, que las cosas que más quieres hay que tratarlas siempre con una pizca ironía porque así hay más posibilidades de que duren… y esto es así muy a pesar de ejército de arquitectos que visten sistemáticamente de negro; incluyéndome a mí, aunque yo lo hago porque no me apetece pensar en qué ponerme para trabajar y con la trivialidad del negro me ahorra dilemas. Ya ves, la aparente fuerza de mi criterio es en realidad culpa de mi absoluta falta de estilo para vestir.

El humor y la ironía pueden salvar el mundo. Hacerlo menos insoportable. A mí me parece que éste es un libro puede salvar la arquitectura… y a los propios arquitectos de su propia tozudez.

Después de leer el libro prestado de la biblioteca y quise comprarlo yo mismo. Estaba descatalogado. Cachis. Pensé en sacarlo de la biblioteca de la escuela y fotocopiarlo, pero lo fui dejando. Durante años cada vez que he pensado qué regalar algo a un compañero arquitecto me he acordado del momento en que me dijeron que estaba descatalogado, con esa sensación tan rara, tan pesada, que da ver obras maestras inaccesibles en tu tiempo.

Hoy al ir a hablaros de él y hacer mi tributo a Tom Wolfe por nuestras preocupaciones compartidas por la arquitectura, he descubierto que en 2006 lo volvió a publicar Anagrama.

Para leer a Tom Wolfe, ahora que nos ha dejado, tienen una buena excusa. Para cantar quien teme al lobo o a la Bauhaus feroz tienes toda la vida, hasta que el lobo o la bauhaus lleguen y aterroricen nuestras ciudades. Si además puedes echarte unas risas ¿lo vas a dejar así?.

Gracias, Tom, ha sido fantástico y lo seguirá siendo cada vez que te leamos.

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