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Latente es lo opuesto a Patente. Lo uno es lo oculto, lo otro, lo obvio. Aceptando la perogrullada, la palabra patente ha desarrollado por su lado un significado propio en el campo semántico de las invenciones. Oficina de Patentes, respetable institución. Tesla arriesgó los beneficios de muchos de sus inventos por no pasarse más a menudo por la oficina de patentes – entre otros, la radio –. Fue en las aburridas horas de trabajo en una oficina de patentes donde Einstein empezó a hacerse preguntas como “¿cómo vería el mundo si viajara tan rápido como la luz?”.  Y aunque si lo llegan a pillar bien le habría valido el despido, fue en la oficina de patentes donde empezó a contestarlas con la lúcida sencillez y la apertura mental de solo un niño podría alcanzar, cambiando para siempre la historia de la física y nuestra relación con la realidad.  Quizá hacerse preguntas descabelladas no esté al final tan mal, no tanto al menos como no hacérselas o lo que es todavía peor, quitárselas de encima con una respuesta deliberadamente absurda, censurando con tonterías el juego vital de cuestionarse las cosas.

El espacio-tiempo se curva, se abolla, se acelera, se frena. Los significados también…

Si patente es lo opuesto a latente y a la vez otra cosa en el mundo de las invenciones… me pregunto entonces, solo por seguir el juego de palabras, qué significaría la palabra latente, si empujáramos la palabra  más allá de las fronteras y la dejáramos caer en el campo semántico de las invenciones, en el que su honorable, vieja y no pocas veces fea hermana patente juega normalmente sola.

¿Una oficina de latentes? Si ¿y no sería fantástico?…  Un organismo, una oficina, una organización, en la que los inventos no solo se patentaran sino también se pudieran latentar, de modo que la gente pudiese acceder, no solo a las patentes, sino a la energía latente que nos espera oculta en la propia experiencia de la invención.

Sería entonces su Oficina de Latentes, su Latent Office, su Latentamt

Nota____________________________

La excepción Alemana o el elegante derecho a no ser elegante.  En Alemán, el adjetivo patente no se usa para lo que es evidente y visible, sino para lo que es práctico y elegante. Es decir, en Alemán latente no es más el antónimo de patente.  En cualquier caso, en tanto que “Oficina de Latentes” parece designar a pesar de todo lo contrario de “Oficina de Patentes”, podemos seguir el juego de palabras contrapuestas y ver a qué nos estamos enfrentando. Si fuéramos inventores, al menos, creo que sería importante saber que puede una Oficina de Latentes hacer por nosotros. En suma, si desde la perspectiva del Alemán, una oficina de patentes es un lugar donde se registran todo tipo de práctiquísimos inventos y elegantísimas soluciones… — donde empezaron muchas de las desgracias de infelices como Tesla y también donde Einstein se pudo aburrir hasta tal punto que tuvo que revolucionar la historia de la ciencia para sobrellevarlo con dignidad (sí, insisto, hacerse preguntas es un acto lleno de dignidad) —.

…¿Qué sería entonces una Oficina de Latentes, desde la perspectiva del Alemán, ein Latentamt? Quizá lo que sugiere sea precisamente eso: un organismo en el que lo menos práctico, útil y elegante puede ser registrado; una suerte de perfecto cajón desastre, junk drawer, Sammelsurium en alemán, una miscelánea donde a la creatividad no solo se le permite, sino que se le supone dispuesta a romper las más intolerantes reglas de la utilidad y los prejuicios de la elegancia.

Ahí es nada, su Latentamt, abierto las 24 horas del día, todos los días de la semana, creatividad sin reglas, desnuda en la Red.

Latente: 20131105/BE

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