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El otoño, antaño mal traducido por Google como «Der Fall», «la caída», es una de las épocas más breves y bellas del año berlinés. No es que el Otoño dure poco, pero lo que lo caracteriza sí dura muy poco: esa caída, de la que ninguno dudamos cuando miramos por la ventana. En Otoño hay algo que se desviste otra vez, aunque no sea ya con el desvestirse seguro y hermoso del verano sino con el desvestirse límpido y cruel del invierno.

Después de este momento la ciudad quedará como un paisaje de gente muy abrigada caminando entre arboledas como entre inmensos esqueletos. Cuando haga sol, la luz llegará a todas partes. Cuando no, nos tendremos que refugiar en las academias o en uno de esos cafés que le salen a uno al pasa (resplandores de velitas en las ventanas cubiertas de vaho, rebosantes de humanidad, risas y frases con verbos difíciles.

Pero eso después, ahora es Otoño y las copas de los árboles se tornan de un colores intensos, amarillos, naranja, como si las iluminaran por dentro. Mientras los troncos y las ramas, quizá por la humedad o la propia luz de las hojas, se ven negros, negros de un negro neto y brillante. El contraste es tal que la imagen se vuelve plana como los dibujos de un cómic o de una postal japonesa.

Harz-IV Blues 2

Entonces las hojas caen, primero una, en alguna parte. Luego otra. Tres. Cinco. Diecinueve. Quinientas. Mil  Diez mil. Un millón. Varios millones de hojas cayendo a la vez sobre de la fascinante y a veces radical fealdad de Berlín. Porque Berlín no es bonita por lo que ves, sino por lo que lees, por sus anécdotas, que ahora tendrás que leer a través de las hojas que caen lentamente sobre todo cuanto hay en la ciudad.

Las hojas caídas van cubriendo las aceras. Al final se amontonan por todas partes aunque las barran una y otra vez con rastrillos, aspiradores que funcionan al revés y vehículos diseñados para ello por las mejores marcas alemanas. Si llueve se aglutinan además como una costra pastosa.

Pero hoy no ha llovido.

 Y nosotros…

nosotros caminamos disfrutando de la luz intensa y escorada del Otoño, pateando despreocupadamente nuestros problemas, felices de verlos rodar y perderse por un instante bajo el manto de las hojas secas.

*El Hartz-IV  o la ayuda al desempleo 2 (Arbeitlossgeld II), es una ayuda de último recurso que se ofrece a los parados en Alemania. A través de esa ayuda, después de calcularlos meticulosamente mediante un auténtico striptease burocrático y confirmando por fin que estás realmente en bragas, el estado te paga el alquiler de tu vivienda, la calefacción y te da además 300 euros de manutención. A cambio, estás obligado a buscar trabajo y demostrar que lo buscas. Por si acaso, te ponen a un asesor que te oriente o te presione directamente para que espabiles, chaval, que esto lo paga la Unión Europea. Muy criticada por las derechas, que lo ven demasiado social, y por las izquierdas, que lo ven de un paternalismo humillante e insano y por los recortes que ha supuesto el resto del presupuesto social, el problema que de esta ayuda radica en que en algunos casos, especialmente en ciudades como Berlín, donde el paro es muy alto y la vida barata, los asesores no dan a basto y la gente aprende a torearlos mientras disfruta una ayuda de último recurso como si fuera una renta básica, perjudicando el envidiable sistema social alemán. El resultado: en una ciudad famosa por lo fácil que es vivir y pasarlo bien con poco dinero, hay gente que se tira años colgada del Hartz-IV, embarrados entre la melancolía de la improductividad certificada y la alegría de una vida social tan intensa que te no deja concentrarte para salir de ella.

Orientada a que realmente encuentres un futuro, puedes recibir la ayuda incluso como autónomo o pequeña empresa, como apoyo económico suficiente para llegar a fin de mes si no te llegan los ingresos. Puedes incluso crear un nuevo modelo de negocio, que tendrás que presentar y deberá ser aprobado. Suena genial y lo es, pero el resultado tampoco es siempre alentador: si bien mucha gente acaba levantando el vuelo, otros se quedan estancados en su propio proyecto, sustentado por la Agencia Federal del Trabajo  y el Jobcenter (el INEM alemán y la institución alemana que gestiona todo esto), sin que ninguno de los dos se atreva a decirte lo que quizá tu mismo deberías comprender: que buen intento, pero que lo dejes ya y busques otra cosa porque está claro que la idea ha fracasado. Una idea preciosa de las miles que malviven en Berlín.

Autónomo en una ciudad laboralmente turbulenta, una vez que las cosas se pusieron feas, tuve que pedir yo mismo el Hartz-IV.  En tres semanas recibí la carta por la que confirmaban que me lo concedían, con las cantidades asignadas en una tablita. Mientras leía aquella carta tuve que prometerme a mí mismo, varias veces, que no me lo tomaría como una beca. Aquella noche invité a me chica a cenar.

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¿Y tu? ¿Conocías el Hartz-IV?
Quizá si lees esto es porque conoces Alemania y esta realidad, ¿cuál la sido tu experiencia?
¿crees que estas ayudas son positivas o negativas?
En cualquier caso… ¿has recibido alguna vez un apoyo tan sólido que te haya dado vértigo verte de pronto sujeto así en el vacío?

Hartz-IV Blues 1

<sup>Imágenes: producción propia, de las muchas que comparto en Instagram.</em>

 

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4 thoughts on “Hartz-IV* Blues

  1. Imagínate por un segundo haber nacido en un país del tercer mundo donde no existen este tipo de «maravillas», no te imaginas la sensación que es cobrar el paro en España por ejemplo, es toda una experiencia, no terminas de entenderlo. No terminamos nunca de entenderlo, si es en realidad una ayuda social o hace que nazca en las personas ese apalancamiento que no les permitirá avanzar nunca. Yo lo disfruté y lo proveche, y en verdad, espero no tener que cobrarlo más.

    • Exacto, visto desde un país del tercer mundo o desde un país como España, desarrollado pero tristemente habituado a la precariedad laboral, se queda uno extrañado. La misma extrañeza le daríaa si viese en una nómina la cantidad de dinero que se va cada mes en impuestos en Alemania (impuestos para mantener el sistema, no la deuda de los bancos).

      Yo creo que un sistema como el Sozial Marktwirtschaft (economía de mercado social, una economía liberal con un sistema social fuerte de apoyo que lo asegura, no puede empezar en el papel y en el dinero sino en el pensamiento de los individuos, en su conciencia de que forman parte de él y son también responsables. La economía requiere educación, conciencia y madurez. El caso que cuento es el de algunas personas, en el entorno de ciudades como Berlín, culto, vanguardista, pero también consumista, hedonista, peterpanero y bastante narcisista. Siendo yo parte de todo aquello, cuando vi la ayuda mensual del Hartz-IV me dio verdadero vértigo, Pero tengo que reconocer que también lo dio la cuando por fin conseguí un contrato como arquitecto (que en España es Sci-Fi) y luego vi lo que tenía que dejar en impuestos. me quedé también muy extraado. Entonces me acordé de todo lo que había recibido para salir adelante, y me dije, que cojones: ahí lo tenéis, de mil amores y las gracias. Por no hablar los derechos que el sistema genera para todos, precarios o no precarios, como acceso a estudios gratuitos, idioma, másters, largas bajas de maternidad, !y paternidad!, la apertura y oportunidades para imigrantes, refugiados, etc… Lo dicho: siendo conscinete de eso, de mil amores.

      Gracias por tu comentario. Me alegro mucho de que con aquellas ayudas saliéramos adelante y de que en el futuro no tengamos que enfrentarnos al vértigo de volver a recibirlas.

    • Muchas gracias, Victoria. Mi objetivo al escribir no es solo contar cosas sino contarlas de forma que además se disfrute leyéndo. Con unas metas así puedes imaginarte lo mucho que me alegra lo que dices.

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